Cuatro años después, Llorenç Gómez decidió no traicionarse.
Martes, 25 de diciembre de 2025. Hay regresos que no nacen de la nostalgia ni de la ambición, sino de una decisión íntima y valiente. Después de cuatro años de pausa, de transformación y de liderazgo desde fuera de la arena, Llorenç Gómez vuelve al fútbol playa desde un lugar distinto: sin urgencias, sin máscaras, sin traicionarse. Este no es un retorno competitivo en el sentido clásico, sino una reconciliación con el juego, con el cuerpo y con una forma más honesta de estar. En esta conversación, Llorenç habla de sentir antes que pensar, de elegir cuándo estar y cuándo no, y de entender que escucharse también es parte del alto rendimiento.

(FOTO Enzo10)

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Después de todo lo que has vivido en el fútbol playa, ¿por qué decides volver a jugar a partir de 2026?
Porque hay momentos en la vida en los que entiendes que también mereces una segunda oportunidad.
El fútbol playa es una de las cosas que más me hace sentir vivo, conectado y presente. Durante un tiempo estuve enfocado en dar, construir y acompañar a otros. Hoy siento que volver, de forma consciente, es también una forma de volver a mí.
Hablas de un regreso muy diferente al pasado. ¿Qué ha cambiado?
El disfrute siempre estuvo ahí. El fútbol playa ha sido, desde el principio, una fuente de alegría y expresión para mí.
Lo que ha cambiado es la relación con ese disfrute. Antes convivía con la exigencia, la presión y la responsabilidad del rendimiento. Hoy vuelvo desde la elección consciente, desde la libertad de estar solo cuando de verdad lo siento y cuando puedo aportar sin forzar nada.
¿Cómo será exactamente tu presencia en la arena?
No se trata de algo puntual en el sentido tradicional, sino de elegir muy bien cada momento.
Estaré cuando el contexto humano y deportivo estén realmente alineados, cuando tenga sentido para el equipo, para el proyecto y para mí. No hay un calendario cerrado ni una obligación de estar, solo la coherencia de aparecer cuando puedo aportar desde un lugar auténtico.
Este regreso convive con tu rol como entrenador. ¿Cómo se integran ambas facetas?
De forma natural.
Mi rol principal sigue siendo el de entrenador y líder del proyecto, pero el liderazgo también se transmite desde la experiencia vivida. En determinados momentos, estar dentro de la arena me permite acompañar desde un lugar más completo, más humano.
En el caso de Genova Beach Soccer, ¿qué significado tiene este doble rol?
Forma parte de una visión más amplia.
El club está construyendo una identidad basada en valores, cultura de trabajo y crecimiento humano. Mi presencia como jugador, elegida con cuidado, no responde a un rol competitivo clásico, sino a una forma de liderazgo desde dentro, pensada para fortalecer la cohesión y el sentido de pertenencia.
Has hablado de darte una segunda oportunidad. ¿A qué te refieres exactamente?
A darme permiso para volver a sentir.
A reconectar con una parte de mí que durante años fue pura expresión, alegría y verdad. A veces la vida te lleva a cumplir roles, responsabilidades, expectativas… y te aleja de lo que te hace vibrar. Este regreso es un acto de honestidad personal.
¿Es un regreso más emocional que competitivo?
Nace desde lo emocional, pero encuentra equilibrio en lo deportivo.
Cuando haces algo que te hace sentir de verdad, el rendimiento llega de forma natural. Hoy juego menos, pero siento más. Y eso, paradójicamente, también suma al equipo.

(FOTO Enzo10)

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Recientemente se ha cerrado tu etapa con la selección de Dinamarca. ¿Cómo se ha tomado esta decisión?
Ha sido una decisión tomada desde el respeto y la coherencia mutua.
Con la selección de Dinamarca cerramos un ciclo de crecimiento y aprendizaje compartido. Mi nuevo rol, con responsabilidades más amplias y una visión a largo plazo, hacía necesario ser honesto con los tiempos y con el nivel de compromiso que una selección nacional requiere.
En este contexto, ¿te ves volviendo a una selección nacional como jugador?
Si en algún momento la selección española de fútbol playa considerara que mi perfil puede encajar y aportar, estaría plenamente dispuesto a asumir ese compromiso.
Representar a tu país siempre es una responsabilidad especial y, llegado el caso, lo haría con la seriedad, el respeto y la dedicación que exige ese contexto.

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¿Qué mensaje quieres transmitir a los jugadores más jóvenes?
Que escucharse también es parte del alto rendimiento.
Que no todo es exigirse sin pausa. Saber parar, saber volver y saber desde dónde hacerlo es una forma profunda de respeto hacia uno mismo y hacia el deporte.
Para cerrar, ¿cómo definirías este momento vital y deportivo?
Como una reconciliación.
Con el juego, con mi historia y conmigo mismo. Volver a hacer una de las cosas que más me hacen sentir en la vida, sin exigencias externas, es el mayor regalo que podía darme.




